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Cada madrugada podían salir a buscar en las inmediaciones de la ciudad los alientos que se quedaron a medias y los suspiros contenidos de cada uno de los cuerpos. Cada una de las partes supo hacer su trabajo y, mientras tanto, todo lo demás se reducía a pedazos en medio de las tinieblas; aunque salió el sol, un poco tarde. Y suspendidas entre las calles, vagando ante el reflejo de la luna, las esencias tropezaron y crearon destellos que iluminaron la más profunda oscuridad.

Con manos de gigante fueron desenterrados los sueños de entre aquel montón de fango y, pringosos, fueron puestos a secar al sol. Se arrugaron y encogieron creando relieves entre los que tuvieron que aprender a caminar, pero lo hicieron juntos, en cada bache. Aprendieron a crear fuegos artificiales, a dibujarse en la arena, a mojarse con la lluvia. A besar con amor y a bajar hasta el infierno para volver en segundos a la tierra. A dibujarse sonrisas con compás.

Sé que siempre me creo lo que me cuentan y que soy una ilusa soñadora, que no termino de saber distinguir entre promesas, frases rotas e ilusiones, y que la hora cero nunca llegará.

Sé que llegará el día en que me canse, el día en que decida que, finalmente, mi momento de gloria ha terminado. Pero hoy quiero engañarme; siempre. Soy feliz así, creyendo que es fácil hacerme feliz, que me lo hacen constantemente.

No sé dónde terminará nada. Ni siquiera sé dónde terminará esto. No sé nada… y en realidad no me preocupa. Dicen que hay que vivir el momento, pero el problema es que yo llevo viviéndolo durante mucho tiempo, aunque suene egoísta.

Septiembre empezaba con promesas de cambio. Octubre las cercioró, pero noviembre ya fue demasiado… e hizo que llegara diciembre con un frío diferente al que sería el de enero. Febrero lo cambió todo radicalmente, pero en marzo de nuevo se debilitaron las promesas que me hice. Y ahora, en abril, creo que vuelvo a ser la que fui en septiembre.

Pero ya sabes lo que dicen, quien sigue la consigue. Y a la tercera va la vencida.

Yo me pregunto qué me depara el destino.

Día 14

14.14:

Adiós. No sé si te hablaré cuando te vea por la calle, o si evitaremos las miradas como solemos estar acostumbrados. No lo sé. Sólo sé que este es el mayor período de tiempo que te voy a dedicar en los próximos años, en toda mi vida quizás. No ha cambiado nada desde la última vez que te escribí, que es precisamente la última en que me acordé de ti. Han pasado muchas cosas desde entonces y está claro que nunca fuiste alguien a quien fijar en el corcho de mi habitación y sobre quien escribir folios y folios de frases sin sentido. Y la clave del éxito creo que está ahí, en que no ha cambiado nada absolutamente, en que no ha habido lágrimas ni llantos más allá del caos inicial. Y ni siquiera estoy segura de querer una explicación: a palabras necias oídos sordos, dicen.

Soy feliz, sí, y mi vida sigue hacia adelante, probablemente mucho más rápido que antes. Quién sabe lo que está por venir, o lo que el destino nos tiene reservado… Me alegra haberme dado cuenta de las cosas, que nunca fuiste lo suficientemente tú como para tirar hacia adelante, y que yo nunca habría dejado de ser lo suficientemente yo si hubiera estado tirando de ti. Equilibrio de balanzas, y mi lado siempre pesó más. O no. Quizás. Quizás. Quizás nunca me hubiera dado cuenta. Son las palabras de la sopa de letras que nunca terminarán de ser completadas: falta algo, falta algo, y por más que buscas, no logras dar con ello.

Ahora te propongo que vivas un poco la vida, ya lo recomendé, ya sabes a quién, pero creo que tú lo necesitas mucho más, hacías creer algo que no tenías. Pero en fin, olvídate, conócete, vive, en definitiva. Parezco tu madre…

Hasta pronto.

Día 7

Una semana rápida. Y espero que así pasen el resto de los días. Cuando llegue el crítico, ya pensaré lo que hacer, o decir, o callar. Hasta entonces, bailar bajo la lluvia es la mejor opción.

Día 6

Querido tú:

Me va bien, gracias por no preguntar. El día a día es llevadero, cada vez me acuerdo menos de ti, pero no hay más que motivos para recordarte en cada una de las esquinas de las horas. Aún así, soy feliz, no te puedes imaginar cuánto. Reflexioné ya en su momento sobre esto, así que supongo que no me es del todo desconocido, pero sigo pensando que estás regocijándote en todo lo que has hecho, intentando vislumbrar una lágrima naciente en cada uno de mis párpados. Pero te equivocas. No voy a hacer de esto un drama, las cosas en la vida van y vienen; y cuando se van, hay otras que vendrán; ley de vida. Así que no, no esperes verme triste aunque lo esté por las noches, ni esperes que me esconda en mi refugio y no me deje ver. No soy de esas que se pasan las tardes comiendo helado de chocolate y viendo películas románticas para engordar la pena de su corazón, ni que compra miles de paquetes de pañuelos, ni cierro las cortinas para que no entre el sol. Ni siquiera me meto en la cama a ver si el tiempo pasa y tú te marchas…

En todo momento soy consciente de que nunca cerraste la puerta del todo, pero mi corazón interpreta las señales como le da la gana, puedes culparle si quieres. Supongo que tampoco soy de esas tontas que ven cosas donde no las hay, ¡y mira que suelo ser optimista!… Tengo la opinión de que a veces es mejor bajar a lo hondo del pozo y que si eso te ayuden a escalar, porque es más satisfactorio. Y, además, dado que sigo sin entender nada (explícamelo en tu carta de respuesta en caso de que recibas esta), no entiendo ni una de esas palabras que tan cuadriculadas tienes y tan exactas son. Ahora que lo pienso, nunca fuiste de medir las palabras. Qué extraño…

Lo último que quería decirte es que no hagas esto nunca más, una vez fue suficiente. Espero que aprendas a interpretarte bien. Yo llegué a conocerte bastante aunque no lo creas. Me pregunto qué es lo que temes tanto… podrías dar un poco la cara al menos. Quizá si te llega esto puedas hacerlo…

Se hace tarde y tengo que marcharme, me llaman a cenar. Ya ves, por aquí todo sigue igual. Espero que tu vida no haya cambiado tampoco y que hayas sido capaz de llenar de algún modo todos esos momentos que compartíamos de vez en cuando. No te deseo nada bueno ni malo, simplemente no te deseo, porque no puedo desearte lo mejor después de lo que has hecho; y me educaron en la religión de no odiar a nadie.

Atentamente, etiquétame tú.

Día 5

No sirve de nada permanecer en la retaguardia ni ser la marioneta de nadie. Que los hilos de mi vida sólo los manejo yo, y soy la única que puede decidir en qué escenas aparecer y en qué momentos hacer mutis por el foro. Y no dependo de que tomes una decisión, o de que no lo hagas. Simplemente he comprendido que si no eres capaz ahora, tal vez no seas capaz nunca.

No espero nada, pero los días seguirán pasando. Me he planteado permanecer impasible, pagarte con la misma moneda; pero creo que no es justo. No es justo que siempre ganes tú, y por ello, por una vez en la vida, habrás de ser tú quien tenga que exprimir las palabras, y probablemente inventar sentimientos. Hacer como que nunca me quisiste; como que no llenaste tu boca de infinitas promesas, ni regalaste besos de caldero.

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